¿YA PROBASTE HACERLO CON IA?
Cada vez que publico una pieza de pixel art o comparto parte del proceso, alguien me escribe:
-Eso ya lo puedes hacer con IA. Siempre me causa gracia. La recomendación suele venir con el entusiasmo de quien acaba de descubrir un atajo y quiere compartirlo. Casi como si me estuvieran revelando un secreto milenario que pudiera cambiar mi vida. Hace unos meses viví una situación parecida, aunque lejos del computador.
Salí temprano a caminar hacia la montaña. Quería mover las piernas, despejar la cabeza, respirar un aire distinto y cambiar por un rato el monitor por los árboles. Hay días en los que el cuerpo pide exactamente eso. Apenas había avanzado unas cuadras cuando un vecino me reconoció.
- Pa´ónde va?
-Voy para la montaña don Javier.
-Súbase! que yo lo acerco.
Acepté por pura pena. Cinco minutos después estaba arriba, mirando el paisaje con la extraña sensación de haberme perdido la salida. Mi vecino quedó satisfecho porque me había hecho un favor. Yo también le agradecí. Los dos teníamos razón. Lo único que cambiaba era el objetivo. Él entendió que quería llegar a la montaña. Yo había salido a caminar. Desde entonces me pasa algo curioso. Cada vez que alguien me escribe "eso ya lo puedes hacer con IA", vuelvo a pensar en ese carro. Quien hace la recomendación suele imaginar que mi propósito consiste en obtener una imagen y mientras tanto, yo estoy acomodando píxeles durante horas, probando una paleta nueva, escuchando música, aprendiendo un programa distinto o simplemente disfrutando la sensación de dibujar. Hay tardes en las que conecto un teclado mecánico viejo o prendo un monitor que ya debería estar jubilado. No cambia absolutamente nada en la ilustración. Cambia la experiencia de hacerla. Los objetos también guardan recuerdos. Hay teclados que suenan como cierta época de la vida. Monitores que devuelven una forma de mirar. Programas que todavía conservan la sensación del primer dibujo que uno hizo en ellos. Con los videojuegos ocurre algo parecido.
Muchos amigos tienen aparatos capaces de mover cualquier lanzamiento reciente y aun así, cualquier sábado terminan desempolvando una consola vieja para jugar con los amigos. Siempre imagino lo extraño que sería escuchar a alguien decirles:
-¿Y para qué? Mejor véanse un gameplay en YouTube.
Los goles de un partido caben perfectamente en un resumen de treinta segundos. También las mejores jugadas. Lo único que queda por fuera es el viaje hasta el estadio, el vendedor de empanadas, el tipo que canta desafinado dos filas atrás, el abrazo con un desconocido al son del gol y la discusión de regreso sobre un penalti dudoso. Resulta que el partido ocupaba apenas una parte de toda la experiencia. La inteligencia artificial llegó para quedarse. Apenas estamos alcanzando a entender una pequeña parte de todo lo que va a cambiar y de las regulaciones que inevitablemente irán apareciendo con el tiempo.
Me sigue llamando la atención esa costumbre reciente de buscar el camino más corto incluso cuando nadie tiene afán. Hay procesos que encuentran su valor mientras ocurren. Caminar, Pintar una miniatura, Preparar café, Armar un rompecabezas, Dibujar píxel por píxel. Si algún día vuelvo a salir hacia la montaña y mi vecino vuelve a ofrecerme el carro, espero tener la confianza para agradecerle y seguir caminando.



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